Hay relojes pensados para llevarlos todos los días, otros para ocasiones especiales… y luego hay relojes como este. Cuando saqué de la caja el Geya Planetary G78220, mi primera impresión fue clara: esto parece más una pieza de museo que un reloj convencional. Con sus 46 milímetros, una esfera completamente abierta y todos esos elementos girando en su interior, es imposible que pase desapercibido. Ronda los 489 euros y llega gracias a una colaboración con GEYA, a quienes agradezco que hayan contado conmigo.
Diseño
Solo hay que echar un vistazo a la esfera para darse cuenta de que no es un reloj convencional. En la parte superior tenemos lo que parece un pequeño tourbillon girando constantemente. Justo debajo, una pequeña esfera azul que representa nuestro planeta, también en movimiento. A la izquierda, el pequeño subdial encargado de mostrar la hora, y alrededor, diferentes planetas y elementos que construyen una auténtica escena espacial sobre un fondo azul oscuro salpicado de estrellas. Y lo curioso es que, pese a tanto movimiento y tantos elementos, la hora sigue siendo perfectamente legible.
Caja
La caja es de acero inoxidable pulida a espejo en todos sus lados, con 46,3 mm de diámetro y nada menos que 22 mm de grosor, así que es un reloj muy contundente, especialmente por su altura. En la parte superior, un cristal abovedado. Pero lo realmente peculiar está en los laterales: tanto el lado de la corona como el contrario llevan cristal en la propia carrura, lo que permite ver el mecanismo también desde los costados. Tiene todo el sentido en un reloj donde lo que ocurre en el interior es tan importante como lo que vemos en la esfera.

Doble calibre: lo más ingenioso
Aquí está la parte más interesante. Este Geya utiliza dos calibres completamente independientes. El primero mueve el tourbillon y la bola del mundo: han partido de un movimiento mecánico, han eliminado toda la parte de indicación de la hora y se han quedado solo con los engranajes necesarios para generar movimiento, añadiendo una jaula alrededor del volante para convertirlo en ese tourbillon. Lo interesante es que este movimiento no necesita ser preciso, porque su única función es dar vida a la esfera. Para la hora tenemos un segundo calibre, un Ronda suizo de cuarzo, mucho más sencillo, de dos agujas, con la precisión y autonomía habituales del cuarzo. Un mecanismo para dar vida a la esfera y otro para decirnos la hora: probablemente lo más curioso del reloj.
Marcadores, agujas y corona
La hora se muestra en una pequeña subesfera esqueletizada: un rail de minutos y marcadores rectangulares aplicados con lumen, el logo de GEYA bajo las 12 y un pequeño rubí decorativo sobre las 6. Las manecillas son de tipo bastón redondeado, muy similares a las de un Patek Philippe Nautilus. Y una de las soluciones más curiosas: la corona y el pulsador están en la parte trasera, lo que tiene sentido porque prácticamente toda la carrura es de cristal. Para dar cuerda al mecanismo hay una palanca plegable, y al lado un pequeño pulsador para avanzar la hora minuto a minuto. No es lo más cómodo para el día a día, pero mantiene los laterales completamente despejados.
Cristal y lumen
El cristal es mineral y muy abovedado, prácticamente una cúpula sobre toda la esfera, lo que le da aún más profundidad. También hay cristal en los laterales para ver el mecanismo desde los costados, aunque aquí los reflejos son bastante evidentes. El lumen es de color verde, pero su rendimiento es muy pobre: intensidad baja y duración casi nula, puramente testimonial. Sinceramente, habría preferido que no lo llevara; aunque, siendo un reloj pensado más como pieza de exposición que como herramienta, tampoco se echa demasiado de menos.
Tapa y correa
La tapa trasera va atornillada con cuatro tornillos, con el contorno pulido y la zona central arenada. En el centro, un astronauta junto a un planeta con anillos (Saturno) que refuerza la temática espacial, además de la palanca y el pulsador de control. La resistencia al agua es de 50 metros, aunque, por construcción y tipo de reloj, yo no lo acercaría al agua. La correa es de cuero negro clásica, pero me ha sorprendido para bien por su calidad: buen tacto, pasadores rápidos y una hebilla de acero cepillada firmada por GEYA.
Conclusión
Este reloj me ha sorprendido exactamente por lo que esperaba de él. No es una pieza para el día a día ni para cualquier situación, sino más bien para complementar una colección que ya tiene varios relojes y busca algo diferente. No es para todo el mundo: 46,3 mm, muy llamativo y con una estética muy particular, así que el gusto personal pesa muchísimo. Pero si ya tienes una colección amplia y te llaman este tipo de relojes, por unos 489 euros es una propuesta muy curiosa, sobre todo por esa ingeniosa solución de los dos mecanismos independientes. No pretende sustituir a ningún otro reloj: simplemente hace otra cosa, y ahí está precisamente su gracia.
