Hay relojes que puedes comprar en cualquier tienda, otros que tienes que esperar meses para conseguir… y luego está este. El Capitán es un reloj del que solo existen veinte unidades en todo el mundo. No pertenece a ninguna marca, no lo vas a encontrar en AliExpress y ni siquiera podrías pedir otro igual. Pero lo realmente especial es cómo ha llegado a existir: no salió de una fábrica ya terminado, sino que cada una de sus piezas se eligió, una por una, entre la comunidad de Tiempo de Calidad, y alguien tuvo que convertir todo eso en un reloj de verdad. Ese alguien es Jose, de Kings Watch Mod.

Un reloj hecho por la comunidad

Detrás del canal hay un grupo de Telegram de más de mil personas que, con el tiempo, dejó de ser solo un sitio donde hablar de relojes para convertirse en una comunidad de verdad. Y como en cualquier grupo de amigos, llegó el momento de querer un recuerdo de todo eso: no una camiseta ni el típico reloj con un logo pegado, sino algo que realmente sintiéramos nuestro. El proyecto salió adelante de la mano de Jose, y a partir de ahí dejó de ser una idea para convertirse en un reloj de verdad.

Lo curioso es que casi ninguna decisión la tomé yo. Cada detalle —el tipo de reloj, el color del dial, la caja, la corona, las agujas, la correa, el cristal, la trasera— se decidió mediante encuestas en Telegram. Primero votamos el tipo de reloj, y tras una votación muy ajustada se impuso el Flieger. Después, encuesta tras encuesta, la pieza fue tomando forma. No se trataba de hacer el reloj que más me gustara a mí, sino el que mejor representara a las veinte personas que íbamos a llevarlo.

Caja

Si una parte transmite la sensación de calidad desde el primer momento, esa es la caja. Está fabricada en acero inoxidable y combina acabados: la parte superior con un pulido muy limpio y la carrura lateral completamente cepillada, creando un contraste que le da presencia sin resultar excesivo. El detalle que más me gusta es el perfil del bisel, con una ligera curvatura hacia el cristal que aporta mucha profundidad y hace la transición entre la caja y el dial muy elegante.

En cuanto al tamaño, tomamos una decisión muy acertada. Los Flieger tradicionales suelen tener diámetros generosos, pero nosotros quisimos adaptarlo a un uso cotidiano y optamos por una caja de 40 milímetros. Mantiene toda la esencia de un reloj de aviador, pero con unas proporciones mucho más versátiles que sientan bien en casi cualquier muñeca.

Dial: el alma del reloj

Si hay un componente que define la personalidad de El Capitán, es el dial. En reposo transmite una imagen sobria: un azul oscuro con acabado satinado muy elegante. Pero en cuanto le incide la luz, cambia por completo. El efecto tornasolado hace aparecer unos reflejos azul eléctrico con un ligero toque metalizado que llaman muchísimo la atención, de esos que te hacen mover la muñeca solo para ver cómo cambia el color. Aunque la mayoría nos decantamos por el azul, también se fabricaron tres unidades con el dial en negro a petición de sus propietarios.

Y luego están los detalles con identidad propia: el logotipo del canal adaptado con unas alas inspiradas en la aviación clásica, el nombre El Capitán elegido por votación y, justo encima, una pequeña estrella que es el detalle con más significado de todo el reloj. No está por estética: recuerda que estas veinte unidades fueron las primeras y, probablemente, las únicas que se fabriquen.

Agujas, cristal y corona

Las agujas son exactamente las que uno espera en un buen Flieger: acabado impecable, legibilidad excelente y un lumen que ilumina agujas, índices y numerales con intensidad más que suficiente. El cristal de zafiro tiene una ligera curvatura que acompaña muy bien el diseño de la caja, y nunca he sentido que los reflejos fueran un problema. La corona es de tipo cebolla, con un tamaño muy cómodo y un ranurado excelente: tanto al darle cuerda como al poner en hora transmite esa sensación mecánica que esperas en un reloj de este estilo.

Calibre Seagull ST36 y fondo visto

En el interior monta un Seagull ST36 de cuerda manual. Podría hablar de su precisión, pero ni siquiera me he preocupado de medirla: sé que cada reloj pasó por el cronocomparador antes de salir del taller, y eso era más que suficiente. Darle cuerda es una delicia, el tacto es firme y preciso, y ese característico tic-tac suena con mucha personalidad.

El Capitán, distintas vistas

Pero donde realmente se luce es en la trasera. Fue una de las pocas decisiones tomadas por unanimidad, y no podríamos haber acertado más. El fondo visto permite disfrutar de un movimiento con acabados tipo Côtes de Genève, los tornillos azulados, los rubíes y el volante en funcionamiento. Y, después de conocer todo el trabajo de montaje que hay detrás de cada unidad, esa trasera adquiere un significado completamente distinto: ya no ves solo un movimiento bonito, sino todas esas horas de trabajo y el cuidado puesto en cada pieza.

Correa

La correa está fabricada en cuero azul, cómoda prácticamente desde el primer uso y con un tacto muy agradable. El azul de la piel combina muy bien con el tono del dial y el pespunte blanco hace juego con las agujas y los numerales. El detalle que más me llamó la atención es la hebilla, que incorpora una segunda barra superior que le da un aspecto mucho más elegante y diferente. Como buen Flieger, admite prácticamente cualquier combinación —cuero marrón, armis, milanesa—, pero la correa original sigue siendo la que mejor encaja con la personalidad del proyecto.

Conclusión

Si algo me ha dejado claro este proyecto es que un reloj puede ser mucho más que un conjunto de piezas: puede convertirse en un recuerdo, en una historia, en un símbolo de todas las personas que hay detrás de él. El Capitán no se vende ni se fabricará de nuevo —esas veinte unidades con su pequeña estrella seguirán siendo exclusivas de quienes estuvimos desde el principio—, pero es, probablemente, el reloj con más significado que ha pasado por el canal. Y, sobre todo, la prueba de que cuando las cosas se hacen entre gente con la misma pasión, el resultado siempre acaba siendo mucho más especial.